La discusión sobre acortar las carreras universitarias volvió a tomar fuerza en la agenda nacional. En medio de cuestionamientos por la extensión real de los programas, el alto nivel de endeudamiento estudiantil y la deserción, expertos advierten que el desafío es mucho más profundo que simplemente restar semestres a las mallas curriculares.
¿Debe Chile avanzar hacia una educación superior más breve y flexible? Esa es la pregunta de fondo que hoy debaten parlamentarios, rectores y expertos. Todo esto, en un escenario laboral que cambia rápidamente por las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial.
Las cifras actuales sitúan a Chile por encima del promedio internacional en cuanto a la extensión de los estudios.
- Promedio OCDE: La duración promedio efectiva en los países miembros alcanza los 3,7 años.
- Realidad Chilena: En nuestro país, el promedio supera los 5 años.
A este panorama se suma que carreras como Medicina superan en promedio los 15 semestres reales, mientras que programas como Arquitectura e Ingeniería Civil también exceden ampliamente sus plazos formales.
Deserción y el lapidario informe de la FNE
La extensión de los estudios está estrechamente ligada a otros problemas del sistema. Actualmente, la tasa de deserción en la educación superior en Chile supera el 23%.
Al respecto, un reciente informe de la Fiscalía Nacional Económica (FNE) advirtió importantes falencias en la toma de decisiones de los estudiantes. Según el documento, la complejidad del sistema lleva a los jóvenes a tomar opciones que no maximizan su bienestar. De hecho, el organismo detectó un dato alarmante: el 35% de las carreras analizadas presenta un retorno negativo o bajo, encendiendo las alertas sobre el costo de estudiar ciertos programas frente a su futuro resultado salarial.
“No es llegar y acortar carreras”
Desde la Fundación por una Carrera, organización con 18 años de experiencia en orientación vocacional, valoran que se instale el debate, pero piden cautela.
“A priori, nosotros estamos a favor de revisar este tema, pero hay que tener mucho cuidado con cómo se trabaja. No es llegar y acortar carreras (…) es importante entender cuáles son las trayectorias que necesitamos formar en los jóvenes”, señaló Valentina Gran, directora ejecutiva de la fundación.
Gran advirtió un punto crítico: muchas universidades destinan gran parte de los primeros años a nivelar las brechas académicas que los estudiantes arrastran desde la etapa escolar. Reducir la duración formal sin solucionar este problema de base volvería aún más complejo el escenario.
El futuro: Formación continua y flexible
Más allá de reducir los años de estudio, los expertos apuntan a un cambio de paradigma, donde las personas puedan entrar y salir del sistema educativo a lo largo de su vida.
“Apuntamos a un modelo mucho más flexible. Que una persona pueda estudiar tres o cuatro años, trabajar y después volver a especializarse. Hoy los cambios son demasiado rápidos y el aprendizaje no puede seguir entendiéndose como algo lineal”, concluyó la directora ejecutiva.

