Revelación del texto difundido por EE. UU. genera cuestionamientos: Adhesión de Chile al “Escudo de las Américas” abre profunda controversia por alcance en soberanía, inversiones y el TIAR
Una intensa marejada política generó la confirmación de los alcances reales del pacto internacional “Escudo de las Américas”, suscrito por Chile junto a otros 14 países del hemisferio. Mientras que el Ejecutivo presentó inicialmente la iniciativa como una plataforma de coordinación e intercambio de información para combatir el crimen organizado transnacional, la divulgación del texto oficial por parte del Departamento de Estado de los Estados Unidos —fechado el pasado 22 de septiembre de 2026— dejó al descubierto un catálogo de compromisos de mayor amplitud estratégica.
La declaración conjunta no solo fija parámetros en materia de seguridad, sino que extiende su radio de acción a áreas clave de la economía y la geopolítica regional, abarcando el resguardo de las cadenas de suministro de minerales críticos, el control de inversiones extranjeras, el intercambio de inteligencia, así como la persecución de 24 organizaciones calificadas de narcoterroristas (como el Tren de Aragua, el Cartel de Sinaloa y la MS-13).
Asimismo, el documento contempla promover una “acción colectiva” bajo el alero del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), mediante la eventual constitución de un Órgano de Consulta en la Organización de los Estados Americanos (OEA).
Críticas transversales y reparos por “tratado encubierto”
La brecha entre la vocería inicial del Gobierno del Presidente José Antonio Kast y el contenido íntegro del texto desató severos cuestionamientos desde diversos sectores. Parlamentarios de oposición acusaron una falta de transparencia, advirtiendo sobre una eventual afectación a la soberanía e independencia del país. A su vez, recriminaron al Ejecutivo el no haber sometido la adhesión a la revisión previa del Congreso Nacional, llegando a calificar la iniciativa como un “tratado encubierto”.
Desde el propio Ministerio de Relaciones Exteriores, fuentes internas admitieron posteriormente que la estrategia de comunicación pública del acuerdo fue un error, considerando que el documento final sería publicado íntegramente por Washington incorporando aspectos de control económico e inteligencia.
El debate escaló rápidamente a los más altos niveles políticos. Los expresidentes Michelle Bachelet y Gabriel Boric expresaron públicamente su preocupación por los términos de la declaración, llamando a resguardar la autonomía del Estado chileno y solicitando al Gobierno reconsiderar la permanencia del país dentro del mecanismo multilateral.
Interpelación al Canciller y presentación a la Contraloría
Las implicancias jurídicas de la firma llegaron hasta la Contraloría General de la República, luego de que un grupo de diputados solicitara un dictamen para evaluar la legalidad del procedimiento adoptado por el Ejecutivo. Los parlamentarios argumentan que, por la naturaleza de sus cláusulas, la declaración reviste las características de un tratado internacional que debió contar con la aprobación del Poder Legislativo.
En paralelo, la polémica se transformó en el eje central de la interpelación al ministro de Relaciones Exteriores, Francisco Pérez Mackenna, citada en la Cámara de Diputadas y Diputados, donde la autoridad debió responder por las omisiones en la presentación del acuerdo y la política exterior desplegada frente a esta alianza regional.

