Pandemia y demencia: pérdida de vínculos sociales empeora salud mental de adultos mayores

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Fuente: Que Pasa

La salud cerebral depende de la interacción social. Por eso, medidas como el confinamiento han afectado a este grupo. Especialistas indican que no existe conciencia real del impacto que el coronavirus tiene y va a tener en los pacientes con demencia y sus familias, tema que cobra relevancia, justo hoy se que se conmemora el Día Mundial del Alzhéimer.

Todos los grupos de edad son susceptibles a la infección por Sars-CoV-2. Pero los adultos mayores sufren una mortalidad mucho mayor.

Además, el coronavirus parece impactar el sistema nervioso central, con alteraciones del olfato y del gusto e incluso alucinaciones. Y en ancianos en las unidades de cuidados intensivos (UCI), particularmente para aquellos con un ventilador, se presentan altas tasas de delirio.

Las respuestas inflamatorias provocadas por la infección pueden desencadenar además mecanismos de neurodegeneración a largo plazo. Ello empeora cuadros de demencia en adultos mayores. “Las consecuencias a largo plazo del Covid-19 siguen siendo desconocidas, aunque nuestros centros están comenzando a identificar consecuencias graves”, dice Agustín Ibáñez investigador del Centro de Neurociencias de la Escuela de Psicología Universidad Adolfo Ibáñez que publicó recientemente un artículo sobre demencia y coronavirus en la prestigiosa revista Lancet Neurology.

Ibáñez advierte que “estamos muy lejos de tener una conciencia real del impacto que el coronavirus está teniendo y va a tener (por mucho tiempo) en los pacientes con demencia y sus familias”.

A medida que los sistemas de salud colapsan, el acceso a los programas de demencia se vuelve más restringido. Y comorbilidades asociadas a la demencia, como hipertensión, diabetes, enfermedades cardiovasculares y enfermedades cerebrovasculares, afectan la gravedad del coronavirus, advierte Ibáñez.

Sin vínculos sociales

El confinamiento a su vez trae dificultades adicionales para los pacientes con demencia. Ibáñez explica que el desarrollo de la salud cerebral depende de la interacción y entramado social. Los vínculos sociales protegen frente al estrés, las crisis emocionales y el deterioro de la salud general. “La soledad percibida crónica no solo nos deprime, sino que incrementa el riesgo de enfermedades cardiovasculares, inmunes, psiquiátricas y neurológicas”, indica.

Implementar el distanciamiento físico en personas con demencia es difícil. Son pacientes que pueden tener serias dificultades para cambiar sus hábitos cotidianos. Tienen a olvidar las pautas de higiene, y les puede costar comprender la situación del coronavirus y el confinamiento, aclara Ibáñez. Y lo peor, dice, es los mensajes de prevención no están adaptados a pacientes con demencia.

En general pacientes con demencia suelen apegarse de manera muy estricta a una serie de rutinas que buscan mantenerlos activos, resalta Waldo Cerpa del Centro de Envejecimiento y Regeneración (CARE Chile UC) del Centro de Excelencia en Biomedicina de Magallanes (CEBIMA). “En condiciones de confinamiento estas rutinas se ven alteradas, incluyendo el dejar los paseos diarios, hacer compras, o visitar algún familiar o amigo. Esto puede desencadenar estrés y alteraciones en los ciclos de sueño-vigilia”.

También por el estrés y alteraciones de sueño, las personas mayores podrían experimentar cambios de apetito, aumento de la ansiedad o pérdida de orientación, agrega Cerpa.

Situación que afectó incluso a aquellas personas mayores con vida laboral activa, agrega Marianne Born, médico geriatra y miembro de la Sociedad de Geriatría y Gerontología de Chile. Muchos dejaron de trabajar, “con la consiguiente disminución de sus ingresos y de realizar actividades recreativas que los mantenían activos tanto física como mentalmente”.

El caso de las que viven en residencias (Establecimientos de Larga Estadía) también es complejo. No han podido recibir visitas presenciales desde el comienzo de la pandemia. Born resalta que las formas de comunicación tecnológicas actuales como videollamadas “no logran suplir el contacto directo con sus seres queridos, por lo que claramente se ven afectados desde el punto de vista emocional y afectivo”.

Tampoco han podido continuar con sus controles médicos habituales. La mayoría de las clínicas han cancelado las citas de esos pacientes para dejar espacio para asistir a la pandemia, indica Ibáñez. “Hay pocos médicos para recibir a pacientes con demencia”.